Intruders, entre mala y muy mala


No me parece justo que para una vez que me decido a ver una película calificada de ‘terror’, salga del cine riéndome. Tampoco me parece justo que un director que cuenta en su reparto con Clive Owen lo desperdicie de tal forma, no creo que Juan Carlos Fresnadillo se vea en otra igual después de estrenar Intruders. O a lo mejor sí. Este director español está triunfando dentro y fuera de nuestras fronteras. Hace tan solo diez años que ganó un Goya como mejor director novel por Intacto, (por cierto, con esa misma película un tal Leonardo Sbaraglia se hacía con el Goya a mejor actor revelación… qué rápido pasa el tiempo) y ahora tiene en marcha dos proyectos a lo grande.

Por un lado, nada más y nada menos que Steven Spielberg ha confiado en él para dirigir Wednesday, un thriller sobre una persecución en Los Ángeles. Por otro, tiene entre manos la adaptación de un exitoso videojuego, Bioshock, con un presupuesto que ronda los 160 millones de dólares. Espero que ambas sean mejores que la película que nos ocupa. Prometo darle otra oportunidad. 

Intruders tiene varios errores de base. Desde un guión que ronda lo rídiculo en ocasiones, hasta determinadas escenas demasiado pretenciosas para la historia que se narra. Mezcla la ficción y la realidad de tal forma que todo se vuelve absurdo. En mi opinión es mejor hacer una película totalmente fantástica o totalmente real… pero si te empeñas en mezclar ambos registros, al menos hazlo bien. Intentan dar explicaciones lógicas a cuestiones ilógicas y creo que a los guionistas se les escapa de las manos la historia.

Clive Owen, abrumadoramente guapo como siempre, pero metido en un papel que no pasará a la historia de sus grandes films. Y eso que su interpretación no es mala, realmente es un padre adorable. Pilar López de Ayala, sin comentarios. Ni bien, ni mal. Pero el problema no son ellos, el problema es la película en sí. Desde el momento en el que “el malo de la peli” se llama Carahueca, sabes que algo falla y ya no tiene solución. Aún así, intentas darle una oportunidad, pero la risas en la sala del cine cuando la gente debería estar en un momento de máxima de tensión, acaba de confirmar lo que pensabas: no vale la pena.

100 minutos en los que te da la impresión de que no llegas a ninguna parte. Es una típica película de miedo que no da miedo… de las miles que estrenan en Hollywood, pero en este caso da rabia que la firme un director español. Un director exitoso, respetado, pero que creo que ha puesto más enfásis en que en el cartel saliera Clive Owen que en los diálogos de la película. Es una pena, porque a pesar de lo que pueda parecer, creo que todas las películas tienen su lado bueno en alguna parte, solo hay que buscarlo… Si alguno lo encontráis en esta, por favor avisadme.

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