Argo, una cita con el buen cine


Argo

Argo

Argo me ha reconciliado con la gran pantalla. Reconozco que tenía muchas expectativas puestas en esta producción y desde luego, las ha cumplido sobradamente. Cansada de acudir los últimos meses al cine y salir de la sala con una sensación de vacío, he de reconocer que en esta ocasión por lo único por lo que tenía ganas de que acabara la película, era por la tensión contenida que logró generarme a lo largo de sus dos horas de duración.

Un thriller con gran calidad técnica y artística, que demuestra que no son necesarias las persecuciones efectistas, las escenas de sexo sin sentido y la lágrima fácil.

Magistralmente narrada y sorprendentemente bien dirigida, Argo es para mí (y sé que recibiré críticas por esto) la película del año, superando a las grandes apuestas comerciales de 2012, SkyfallEl caballero oscuro: la leyenda renace y Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres. (En el tema vampiros no entro por cuestiones morales)

Pero no solo es buena por su intensidad y su dirección, sino porque excepto las pequeñas licencias cinematográficas que se haya podido tomar Ben Affleck, es una historia fiel a unos hechos que, personalmente, me parece que necesitaban ser contados, ‘la crisis de los rehenes’.

Se sitúa en 1979 en Irán en un momento de gran tensión en el país. El Sha, apoyado y asilado por Estados Unidos, había sido derrocado y el Ayatolá Jomeini subió al poder. La embajada de EE.UU. en Teherán fue ocupada por seguidores del Ayatolá que querían la extradición del Sha. La CIA y el gobierno canadiense trabajaron juntos para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses que estaban escondidos en la casa del embajador de ese país. Un experto en rescates ideó el plan: hacer creer a los iraníes que estaban rodando una película de ciencia-ficción, Argo. Su misión era ir a Teherán, hacer pasar a los diplomáticos por un equipo de rodaje canadiense y traerlos de vuelta a casa.

Sin duda es un argumento surrealista, que bien podría haber salido de un guionista de Hollywood… la genialidad radica en que está basado en una historia real, con personas reales y con vidas reales en juego. De hecho, Ben Affleck utiliza a actores con un asombroso parecido con los personajes a los que daban vida, que si bien no es estrictamente necesario para contar lo que ocurrió, sí es cierto que suma.

Pero además de sumar con el parecido físico, suman con sus enormes cualidades interpretativas. Y es que para su tercera película, el director se ha rodeado de grandes nombres que han dado un plus a esta buena cinta. John Goodman, Bryan Cranston, Alan Arkin, Victor Garber… y el propio Affleck, que protagoniza esta producción cargada de tensión, franqueza, emoción, calidad y a la vez entretenimiento. Altamente efectiva con un suspense perfectamente construido, es capaz de ‘tocarte emocionalmente’. Sin duda, una cita indiscutible con el buen cine.

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